Bienvenido a la Unidad de Psiquiatría

La Psiquiatría es la especialidad médica que se ocupa  del estudio, el diagnóstico, el tratamiento y la prevención de los trastornos mentales con génesis de carácter orgánico y no orgánico. El objetivo es el alivio del sufrimiento humano resultante de la alteración de ciertos dominios como son el humor, la afectividad, la cognición, la formación de conceptos, o la percepción.

El origen de los trastornos mentales puede estar en alteraciones genéticas, alteraciones neuroquímicas, o surgir como consecuencia de eventos vitales como son los traumas,  que llegan a afectar a nivel biológico y funcional. También existen otro tipo de trastornos con una base compuesta por factores culturales, como son la bulimia, la anorexia o el alcoholismo.

Nuestros Servicios

Principales trastornos que tratamos

En los últimos años han tenido lugar cambios sociales que han contribuido a incrementar las demandas asistenciales psiquiátricas. La reciente crisis económica, las fases del ciclo de vida familiar con nuevos roles, la falta de comunicación y adaptabilidad son, entre otras, causas de inestabilidad que pueden generar una ansiedad que se siente como insuperable. Durante mucho tiempo,  las enfermedades mentales y los trastornos leves se ocultaban y negaban alejándose de la posibilidad de recibir tratamiento y conseguir su posible curación. Hoy comienza a normalizarse esta situación,  dejando que se trate como algo natural que puede y debe conocerse, sobre todo, teniendo en cuenta la cantidad de personas afectadas en todo el mundo. Las más comunes son:

  • La depresión
  • Las fobias y la ansiedad
  • Trastornos de la conducta alimentaria
  • TDAH, Trastorno por déficit de atención e hiperactividad
  • Trastornos del desarrollo, incluido el autismo
  • El trastorno obsesivo compulsivo (TOC)
  • El trastorno afectivo bipolar
  • Esquizofrenia y otros tipos de psicosis

CQM ofrece un conjunto de servicios de salud mental y del comportamiento para los niños, en las fases de infancia y adolescencia, para satisfacer sus necesidades y las de sus familias en tiempos de cambios y crisis.

La relación entre nuestras Unidades de Psiquiatría y Psicología

Muchos pacientes tienen dudas sobre las funciones y los ámbitos de actuación de ambos profesionales, el médico psiquiatra y el psicólogo. Ambos comparten un mismo objetivo, el bienestar físico, anímico y mental de sus pacientes, si bien, el abordaje en cuanto a las formas de diagnóstico y, sobre todo, el tratamiento, difieren. También su formación académica y profesional es distinta. El psiquiatra es un médico que se ha especializado en psiquiatría, y conoce a nivel biológico el funcionamiento de la mente, y puede recetar un tratamiento farmacológico. En cambio, el psicólogo clínico, se centra en el aspecto más emocional y conductual de los pacientes, y emplea diferentes herramientas para el diagnóstico, como son los tests y otros, y diferentes técnicas para conducir el tratamiento de los trastornos.

Los especialistas de ambas disciplinas están en permanente contacto y valoran conjuntamente la evolución de nuestros pacientes que requieren asistencia por parte de ambos profesionales.

Si su primera consulta la realiza con el psiquiatra, éste establecerá un primer diagnóstico y podrá pautar e indicar, dentro de su plan de tratamiento, la conveniencia de seguir sesiones de psicoterapia, a cargo del psicólogo clínico. En otras ocasiones, es el psicólogo quien solicita la intervención  del médico psiquiatra  para confirmar un diagnóstico o para valorar si el paciente puede requerir un tratamiento farmacológico.

Las preguntas más frecuentes que recibimos en esta Unidad

En nuestra vida cotidiana, cualquiera de nosotros puede tener una experiencia abrumadora, aterradora y que escape a nuestro control. Podríamos encontrarnos en un accidente de coche, ser víctimas de un asalto,  o ser testigo de un acontecimiento que nos impacte gravemente. Los policías, bomberos y trabajadores de ambulancias son más propensos a tener tales experiencias, ya que a menudo deben hacer frente a escenas horribles.  La mayoría de las personas, con el tiempo, superan experiencias de este tipo sin necesidad de ayuda. Sin embargo, en algunas personas, las experiencias traumáticas desencadenan una reacción que puede durar muchos meses o años. Esto se conoce como Trastorno por Estrés Postraumático, o TEPT para abreviar.

Los síntomas de TEPT pueden empezar inmediatamente o después de unas semanas o meses. Por lo general, aparecen dentro de los primeros seis meses tras el suceso traumático.

Mucha gente se siente desconsolada, deprimida, ansiosa, culpable y enfadada después de una experiencia traumática. Además de estas reacciones emocionales comprensibles, existen tres tipos principales de síntomas:

1. Flashbacks y pesadillas. Uno puede encontrarse reviviendo el suceso una y otra vez. Esto puede ocurrir en forma de «flashback» por el día o como pesadillas durante el sueño. Estas pueden ser tan reales que uno se siente como si se estuviera viviendo la experiencia de nuevo. Uno puede verlo en su mente, pero también se pueden sentir las emociones y sensaciones físicas de lo que ocurrió: miedo, sudoración, olores, sonidos, dolor.

2. Evitación y embotamiento. Como puede ser terrible revivir su experiencia una y otra vez, uno tiende a distraerse. Se evitan los lugares y a las personas que le recuerdan el trauma, y se trata de no hablar de ello. Uno puede lidiar con su dolor, tratando de no sentir nada en absoluto, consiguiendo casi una insensibilidad emocional. Puede comunicarse menos con otras personas.

3. Estando «de guardia». Uno se encuentra alerta todo el tiempo, como si estuviera buscando el peligro. No puede relajarse. Esto se llama “hipervigilancia”. Puede sentirse ansioso y que le cueste dormir. Otras personas pueden notar que esta tenso o nervioso.

Las reacciones emocionales al estrés están acompañadas frecuentemente de:

• Dolores musculares.

• Diarrea.

• Palpitaciones.

• Dolores de cabeza.

• Sentimientos de pánico y miedo.

• Depresión.

• Consumo excesivo de alcohol.

• Uso de drogas (incluyendo analgésicos).

La depresión es una enfermedad mental que puede llegar a resultar devastadora, sintiendo el paciente que está en una situación límite, sufriendo angustia extrema y sin resquicio de esperanza, además de pensar que es culpable de ello y no tener fuerza para superarla.

¿Cómo pueden ayudar los familiares y allegados? Sobre todo, descartando actitudes y comentarios críticos o negativos, tales como «es que no haces nada por mejorar», «debes animarte», etcétera.  Un paciente depresivo, no tiene ánimo.

Hay que supervisar que no tome cualquier decisión importante en ese momento (cambio de trabajo o domicilio, rupturas sentimentales, tomar unas vacaciones, hacer un viaje,…), pues no hay la seguridad de que la esté tomando de forma crítica.

Deben apoyarlo, comprenderle y ofrecerle su compañía y afecto de forma constante.

Es importante detectar la sintomatología, especialmente si hay cambios bruscos, periodos de agravamiento, cambios inesperados de conducta u otros síntomas de alarma.

También hay que promover siempre la consulta con los profesionales y verificar el seguimiento estricto de sus indicaciones. La depresión es una enfermedad tratable por medios psicológicos, farmacológicos y biológicos y los afectados deben recibir esta ayuda de forma precoz y continuada.

Ésta es una pregunta recurrente entre los padres de hijos que están atravesando una etapa de cambio de comportamiento que se manifiesta con rabietas, desobediencia, enfrentamientos, comportamiento rebelde y otras. El padre siente que «ha perdido el control» sobre su hijo y que lo que hacía antes, ya no sirve y está desorientado sobre las pautas que debe seguir.

Efectivamente, los padres también evolucionamos con el crecimiento de nuestros hijos y «cuidar» de ellos nos obliga a ir adaptándonos a las nuevas situaciones y a los cambios que se producirán en nuestra relación con ellos. Hay pautas que sirven para todas las etapas: darles un entorno seguro y de cariño, ayudándoles a aprender las reglas de la vida (por ejemplo a compartir, a respetar a los demás, etc.) y a desarrollar una buena autoestima. Parte de «cuidarlos» también consiste en impedirles hacer cosas que no deben, pues es tan importante como animarles a que hagan cosas que crees que deben hacer. Por tanto, las reglas son necesarias pues establecen el marco de la relación y les permitirá aprender a relacionarse  no sólo con adultos, sino también con otros niños.

En momentos difíciles, es cierto que es fácil olvidar que en realidad padres e hijos pueden también pasarlo bien juntos. Por tanto, es muy aconsejable planificar tiempo de calidad para ambos. (jugando, leyendo, …)

Los niños necesitan sentirse seguros, queridos y valorados, y señalarle cuándo se está portando bien, le refuerza en sus emociones. Algunas ideas que ayudan al éxito:

+ Sér consistente: si tú no sigues las reglas acordadas, tu hijo aprenderá que no haciéndote caso, probablemente tú acabarás cediendo.

+ Darle muchos ánimos: hazle saber a tu hijo cuándo ha hecho algo bien y lo contento que estás por ello.

+ Planificar con tiempo: es imprescindible que ambos sepáis las reglas de una situación determinada antes de que suceda. No las inventes sobre la marcha (por ejemplo, si la hora de acostarse son las 9, asegúrate de que ambos la respetáis). Con hijos adolescentes las reglas pueden consensuarse. Si participa en crearlas, es probable que las acepte mejor y se acoja a ellas.

+ Implicar a tu hijo: explicar en qué consiste portarse bien. El consenso es posible

+ Mantener la calma:  difícil en el calor del momento, pero ayuda mucho.

+ Permanecer tranquilo y ser claro en tus órdenes.  Si tu hijo no te entiende, no podrá obedecerte. Piensa órdenes cortas y claras.

+ Ser realista: Recompensas o castigos deben ser proporcionados.

Cambiar la conducta de un niño es un proceso largo y difícil, pero puede hacerse. Si no se producen avances, acuda a un especialista.

 Sentir miedo o pánico

 Sentirse sin aliento, sudor, molestias abdominales o presión en el pecho.

 Sentir tensión, inquietud y necesidad de ir al servicio con frecuencia.

Estos síntomas van y vienen. Algunas veces, un niño puede manejar bien algunas situaciones y otras veces puede sentirse muy ansioso. Los niños pequeños no podrán explicar que se sienten ansiosos o nerviosos por lo que se vuelven irritables, lloran con facilidad y se vuelven demandantes. La dificultad de iniciar el sueño puede ser una señal de ansiedad, como también el sonambulismo y las pesadillas. La ansiedad puede causar que un niño desarrolle un dolor de estómago o que se sienta enfermo.

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Dr. Jordi Ferrer

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