Bienvenido al Servicio de Alergología

Diagnóstico y tratamiento del paciente que sufre alergia y de  la patología producida por mecanismos inmunológicos, especialmente de la hipersensibilidad, con las técnicas que le son propias.

Las reacciones alérgicas y la hipersensibilidad pueden afectar a diferentes órganos o sistemas como son la piel, los ojos, el tracto respiratorio o el digestivo, y también producir trastornos generalizados, como en el caso de las reacciones a alimentos, medicamentos o picaduras de insectos. Entre todas ellas, las más comunes son : asma, rinitis, conjuntivitis, la urticaria y algunos tipos de dermatitis o eczemas.

Debemos saber que cuando las reacciones generalizadas son intensas y de presentación inmediata,  tras la exposición al alérgeno,  constituyen una urgencia médica dada su potencial gravedad.

Causas más comunes de las reacciones alérgicas

Alérgenos respiratorios: producen enfermedades por inhalación y posterior contacto con las vías respiratorias (asma, rinitis) y/o la conjuntiva ocular (conjuntivitis). Los aeroalérgenos más comunes son los pólenes, las esporas de hongos, los ácaros y los animales domésticos

Los alérgenos alimentarios (trofoalérgenos): producen reacciones inmediatas por su consumo, con la aparición de síntomas digestivos, respiratorios y/o cutáneos. Los más frecuentes en los niños son las proteínas de la leche y del huevo, mientras que en los adultos predominan las frutas y los mariscos.

Los alérgenos de contacto (contactantes): producen reacciones cutáneas al contactar sobre la piel durante un tiempo más o menos prolongado, manifestándose en forma de eccema o dermatitis. Los alérgenos de contacto más comunes son los metales (sobre todo el níquel) y algunos medicamentos de uso tópico.

Otros alérgenos de interés son los medicamentos, el látex, el veneno de los himenópteros (abejas y avispas) y parásitos como el Anisakis.

Nuestros Servicios

La alergología como especialidad

El diagnóstico

El diagnóstico  se realiza a través de unas pruebas llamadas «cutáneas». La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) las clasifica en cuatro tipos de pruebas:

El prick test (prueba intraepidérmica) consiste en la aplicación sobre la piel de una gota de un extracto alergénico  sobre la que se efectúa una pequeñísima punción con una lanceta de punta corta. Se puede realizar con extractos de aeroalérgenos, alimentos, medicamentos, himenópteros y cualquier otro alérgeno que requiera la confirmación de hipersensibilidad inmediata.

La prueba intradérmica consiste en la administración en la dermis superficial de un extracto alergénico en dilución acuosa, introduciendo una cantidad aproximada de 0,1 ml mediante una aguja de calibre fino. Mediante esta prueba se puede realizar una lectura inmediata (antes de 30 min) y retardada (a partir de 24 horas), para catalogar la sensibilización en función del resultado. La indicación es más específica que en el caso anterior y, salvo algunas excepciones, no debe realizarse con alimentos ni con la mayoría de los inhalantes.

Estas pruebas no están exentas de riesgos, ya que pueden desencadenar una reacción más intensa de lo habitual. Por este motivo deben realizarse bajo la supervisión de un alergólogo.

La prueba epicutánea (test del parche) consiste en la aplicación sobre la piel de uno o varios agentes responsables de reacciones cutáneas de contacto, con el fin de confirmar una respuesta de hipersensibilidad retardada. Por esto el parche se mantiene durante 48 horas y la respuesta se observa hasta 2 días después de su retirada. También se puede realizar con medicamentos, ante la sospecha de reacciones retardadas.

Las pruebas de exposición son el último recurso en el diagnóstico alergológico y muchas veces constituyen un procedimiento necesario para aclarar un diagnóstico de sospecha. Están indicadas para confirmar la tolerancia del supuesto causante de una reacción alérgica, cuando el resto de las pruebas no son concluyentes. En todo caso, corresponde al alergólogo la valoración y el control de estos procedimientos, dado el riesgo de reacción que conllevan.

Según la vía de exposición, estas pruebas pueden ser oculares, nasales, bronquiales, orales o parenterales. Estas últimas (inyectadas por vía subcutánea, intramuscular o intravenosa) se restringen al estudio de alergia a medicamentos.

La SEAIC concluye informando que todo paciente que vaya a ser sometido a pruebas de exposición debe tener en cuenta que, atendiendo a su derecho de autonomía, debe firmar un consentimiento informado.

 

Los tratamientos

El tratamiento alergológico por excelencia es la inmunoterapia con extractos alergénicos, comúnmente conocida como “vacuna de alergia”.

La inmunoterapia es el único tratamiento específico capaz de modificar el curso natural de la enfermedad, consiguiendo que ésta mejore o desaparezca. Consiste en la administración de concentraciones progresivamente crecientes de un alérgeno, hasta alcanzar una dosis máxima preestablecida, que se puede mantener durante un periodo aproximado de 3 a 5 años. Actualmente las pautas de dosificación difieren según la indicación, el tipo de extracto y la vía de administración.

Tanto la indicación como el control de la inmunoterapia corresponden al médico especialista en Alergología, quien valorará de forma individualizada la composición del extracto así como la pauta de administración.

En general, la inmunoterapia está indicada en casos de alergia respiratoria (pólenes, ácaros, hongos y derivados epidérmicos) e hipersensibilidad a venenos de himenópteros (abejas y avispas).

La administración de la inmunoterapia puede realizarse por vía subcutánea o sublingual. En ambos casos se diferencian dos fases: iniciación y mantenimiento. La fase de iniciación corresponde al periodo en el que las dosis aumentan progresivamente, mientras que la fase de mantenimiento o continuación corresponde a la dosis máxima alcanzada, que se  administra a intervalos regulares.

 

Alivio de los síntomas

Para el alivio de los síntomas el especialista puede recomendar y pautar:

  • Antihistamínicos
  • Corticoides
  • Broncodilatadores
  • Antileucotrienos
  • Ejercicios de respiración y relajación

Ante una reacción alérgica debe ponerse en manos de un especialista en Alergología.

 

Las preguntas más frecuentes que recibimos en el servicio de alergología

Los síntomas más comunes de una persona alérgica son: Picor nasal, mucosidad acuosa, estornudos y picor de ojos.
Al resfriarse se padece de picores y estornudos, en los ojos de lagrimeo y con mucosidad acuosa y transparente. Además, la fiebre suele acompañar al resfriado.
Para confirmar que se trata de un proceso alérgico y determinar el alérgeno causante de sus molestias, es necesario que acuda a un especialista.

La alergia puede ser hereditaria. Existe una predisposición genética a los padecimientos alérgicos en la infancia, de manera que cuando los progenitores de un individuo son ambos alérgicos, el riesgo de padecer dicha enfermedad es superior al 70%, frente al 50% cuando es alérgico uno de ellos. Aunque el individuo tiene que exponerse a los factores causantes para sensibilizarse. Los síntomas pueden aparecer en los primeros años de vida, aunque se da con más frecuencia a partir de los 5 años, siendo excepcional por encima de los sesenta.

  • Conocer los pólenes responsables de la enfermedad.
  • Conocer la época de polinización y el recuento de pólenes a los que se es alérgico.
  • Evitar salidas al aire libre los días de máxima polinización o días de mucho viento.
  • En casa evitar las ventanas abiertas durante las horas de sol, y por las noches. Se pueden abrir al atardecer. La madrugada es el tiempo en el que los pólenes son más abundantes.
  • Utilizar filtros adecuados para aspiradoras y pasar el aspirador una vez por semana.
  • El aire acondicionado en casa es de utilidad, utilizando filtros adecuados que eviten que penetre el polen en la vivienda.
  • En las épocas de máxima polinización evitar salidas al campo, paseos por parques o jardines.
  • Protegerse los ojos del contacto directo con el aire mediante la utilización de gafas.
  • En viajes en automóvil evitar las ventanillas abiertas. Utilizar el aire acondicionado.
  • Consultar con su alergólogo en caso de tener que realizar algún viaje.
  • Llevar consigo medicación sintomática
  • Es posible hoy en día mejorar la calidad de vida a través de la inmunoterapia (vacunas) y conseguir una curación real y definitiva.

Más del 25% de la población española tiene algún tipo de alergia, según datos de la Sociedad Española de Alergología e
Inmunología Clínica (SEAIC).  Esta patología se encuentra también entre las seis enfermedades más frecuentes según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y afecta en especial a niños y personas jóvenes, en las fases de sus vidas en las que la producción laboral o académica es más intensa. De la misma forma, interfieren de forma significativa en las actividades cotidianas y perturban a menudo el sueño de los afectados.
La calidad de vida de los pacientes se ve deteriorada por los síntomas diarios y por estar condicionados a someterse a un tratamiento continuado, por lo que tener un mayor conocimiento sobre los síntomas de la enfermedad beneficia tanto a las
personas alérgicas como a sus familiares y cuidadores en el manejo, cuidado y abordaje de los síntomas que pueden aparecer en su vida cotidiana.

Los ácaros son unos diminutos arácnidos, que no se pueden ver a simple vista y viven en casi todas las casas, en almacenamientos y depósitos, les encanta vivir en el polvo, y su vida es corta, de aproximadamente 120 días. Los ácaros son una causa común de alergias.

Medidas de desalergenización de ácaros en casa:

  • Ventile bien la casa y manténgala a temperatura baja y seca. Los ácaros se reproducen mejor a temperaturas superiores a los 24 grados centígrados y con un índice de humedad mayor al 50%.
  • Utilice un deshumidificador para mantener su casa seca.
  • Evite sobrecargar las habitaciones de mobiliario y objetos. Hay objetos que recogen mucho polvo, como peluches, estanterías de libros, adornos y objetos coleccionables.
  • Espacios poco decorados, no sobrecargados.
  • Elimine moquetas y alfombras. El polvo se asienta en las alfombras, si es posible, retírelas y sustitúyalas por tapetes lavables.
  • Evite la acumulación de polvo en cortinas, tapizados de sofás, sillones y cojines.
  • Limpiar el polvo con trapos húmedos en la limpieza diaria.
  • Utilizar un aspirador con filtro HEPA o aspiradora de agua, como mínimo una vez por semana. Se debe revisar el filtro con frecuencia.
  • Evitar animales de pelo o plumas en el domicilio.
  • Utilizar pinturas plásticas lavables.
  • Evitar las humedades favoreciendo la circulación del aire.
  • Limitar el uso de sustancias irritantes (ambientadores, insecticidas, etc). No se aconsejan los humidificadores.
  • Evitar el contacto con deshumidificadores.
  • En los dormitorios se recomienda cambiar con frecuencia sábanas, pijamas, fundas de colchón y almohadas.
  • Utilizar colchones, somieres y almohadas de materiales antiácaros. Son materiales especiales “no alergénicos” o como mínimo sintéticos, no teniendo lana ni pluma. Su médico o enfermera le pueden indicar dónde comprarlas.
  • Se recomienda mobiliario sencillo y fácilmente lavable.
  • Los peluches o juguetes con rellenos sustituirlos por rellenos lavables, lavarlos con frecuencia.
  • La ropa se guardará en armarios bien cerrados. Las prendas de lana se recomienda guardarlas en bolsas de plástico antes de guardarlas en el armario.
  • Elimine mantas de lana y edredones de plumas.
  • Lave las sábanas, las mantas y fundas de almohadas en agua a 130 º F (55ºC) todas las semanas.
  • Ventile los dormitorios diariamente.
  • Pase el aspirador, como mínimo una vez por semana.
  • Los libros y estanterías no se recomienda tenerlos en la habitación.

A las personas alérgicas a ácaros de almacén, se les recomienda evitar no estar presentes en:

  • Almacenes de grano, harinas, comidas de animales.
  • Almacenes de frutos secos, carne y pescado seco, quesos, huevos.

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